HISTORIA

 

¿Cómo nace el Colegio San Ignacio de Loyola de Piura? 

Fue el año 1956, cuando el Ingeniero Rómulo Franco Calle, ex alumno jesuita del Colegio De La Inmaculada, gestionó reiteradamente, ante el P. Torrijos, Provincial de aquel entonces, la presencia  de la Compañía de Jesús en la ciudad de Piura. Estas primeras gestiones no tuvieron mayor éxito. La negativa inicial de los jesuitas no melló el espíritu del Ing. Franco, pues en 1957 reiteró las gestiones iniciales, pero esta vez con el apoyo de entusiastas piuranos entre los que destacaron, don Feliciano del Campo, empresario y amigo personal del P. José Ridruejo, Vice- provincial de la Compañía de Jesús en el Perú, en aquel entonces, quien ofreció mediar para que ese anhelo fuera cumplido.

En 1958 se formó un activo Comité pro-colegio presidido por el Ingeniero Rómulo Franco Calle, e integrado por PP. FF interesados en este proyecto, destacando entre ellos don Pablo Seminario, don Juan Helguero, don Feliciano y don Raymundo del Campo, don Alejandro Riofrio, entre otros. Su labor fue indesmayable. Muchos piuranos apoyaron su propuesta.

Dicho comité invitó a los padres jesuitas a conocer nuestra ciudad. En esta época también la Provincia de la Compañía de Jesús del Perú se había independizado de la de España y fue nombrado el P. Felipe Mc. Gregor, Provincial de la Compañía de Jesús. Este cambio permitió la presencia de los padres jesuitas en Piura.

La tesonera labor del Ingeniero Franco y de quienes lo acompañaron dio sus frutos y fue en el Palacio Episcopal de Piura, un 30 de agosto de 1958, reunidas las principales autoridades civiles y eclesiásticas de nuestra ciudad, cuando se suscribe el ACTA DE FUNDACIÓN por la que se creará oficialmente este colegio con el nombre de "San Ignacio de Loyola”.

El 6 de enero de 1959 llega a Piura el P. José Ridruejo, nombrado Director Fundador del colegio y junto a él los hermanos Arsenio Martín y Felipe Sebastián. Mientras tanto el influyente empresario, don Feliciano Del Campo gestionaba ante los propietarios de la firma inglesa Duncan Fox y Cía S.A., posteriormente Edificio Cushing y hoy Banco Central de Reserva (Plaza de Armas de Piura), las instalaciones de su local para el funcionamiento inicial de nuestro colegio.

Las gestiones culminaron exitosamente, pues los responsables del inmueble acordaron generosos cederlo gratuitamente. Destacó también en esta loable tarea, la Sra. Agnes Temple, esposa de don Rómulo Franco C. Papeleos, gestiones, mobiliario, organización, fueron las actividades inmediatas que se realizaron.

Fue el 1 de abril de 1959, y ante la presencia de 40 alumnos (4to. y 5to. de primaria y 1ro de secundaria), de los Padres de Familia y Padres Jesuitas, que se inició el año escolar. Era el tercer colegio religioso que surgía en Piura, pues, ya Lourdes y Salesiano impartían también la fe en Cristo que los Jesuitas iniciaban. Todo el personal eran sacerdotes. El único profesor laico fue don Orlando Sosaya Pastor, conocido profesor piurano (aunque nació en Chepén) en el área de Educación Física. Pronto el 6 de abril se inaugura la sección nocturna para primaria dirigida para alumnos de escasos recursos de nuestra ciudad.

Con los aportes económicos de don Feliciano del Campo, de padres de familia y otras donaciones, el 2 de junio de ese año se inicia la construcción del local que hoy tenemos, en un terreno de 4 hectáreas de la hacienda Miraflores, generosamente donado por la señora Albina Vignolo de Irazola. Era un campo árido, despoblado, “alejado” de la ciudad y acechado por vientos polvorientos.

Después de muchas dificultades económicas para la construcción, el 4 de abril de 1960, ante unos 70 alumnos, se apertura oficialmente el año escolar en su nuevo local. Merece destacar en esta labor al Hno. Arsenio Martín, SJ que con esfuerzo y optimismo entregó sus energías a cristalizar esta titánica labor.

Pronto el colegio fue creciendo, como fue creciendo su calidad educativa; cada Director se ha preocupado por mejorar la infraestructura del colegio, haciendo de éste un local cada vez más ágil y moderno.

Hoy, 59 años después seguimos avanzando en la búsqueda de la excelencia y el bien común. A Mayor Gloria de Dios